Cultura al centro: la deuda pendiente que Chile y la región no pueden ignorar
Desde la conservación de cactus en peligro hasta la demanda de políticas culturales públicas, una tendencia regional emerge con fuerza: lo cultural ya no puede ser ornamento.
La cultura dejó de ser un lujo decorativo. En distintos frentes de América Latina, voces institucionales, activistas ambientales y gestores culturales están exigiendo lo mismo: que el arte, el patrimonio y la biodiversidad dejen de operar en los márgenes y pasen a ser eje de las decisiones públicas. La pregunta ya no es si esto importa, sino cuánto más podemos demorar la respuesta.
Cuando conservar un cactus es también un acto cultural
En Salamanca, al norte chico de Chile, un grupo de investigadores y comunidades locales lleva adelante una iniciativa para conservar especies de cactus en peligro de extinción. No es solo un proyecto botánico. Es un ejercicio de memoria territorial, de vínculo entre paisaje e identidad. Al mismo tiempo, el portal Ladera Sur —referente chileno en naturaleza y fotografía— sigue documentando arte, cultura y patrimonio desde una mirada que fusiona lo visual con lo ecológico. Dos esfuerzos distintos, una misma urgencia: proteger lo que somos antes de que desaparezca.
La demanda que cruza fronteras: cultura como política, no como adorno
Bernardo Rosendo, gestor cultural mexicano, lo dijo sin rodeos: hay que colocar la cultura en el centro de las políticas públicas. La frase resuena porque nombra algo que muchos intuyen pero pocos en el poder ejecutan. No se trata de financiar festivales. Se trata de entender que las decisiones urbanas, educativas y económicas tienen una dimensión cultural que, cuando se ignora, produce ciudades vacías de sentido. Este reclamo no es nuevo, pero la urgencia con que vuelve a aparecer en el debate regional sí lo es.
- Conservación biológica y cultural: Iniciativa en Salamanca para proteger cactus endémicos en riesgo de extinción.
- Fotografía y patrimonio: Ladera Sur como plataforma que vincula arte visual con identidad territorial chilena.
- Políticas públicas culturales: Bernardo Rosendo exige que la cultura deje de ser subsidiaria en las agendas de gobierno.
- Educación emocional: La Secretaría de Seguridad Ciudadana de Baja California incorpora educación emocional infantil como herramienta de prevención de violencia, un enfoque que cruza cultura y ciudadanía.
Chile en el espejo latinoamericano
Miramos hacia el norte del continente y nos vemos reflejados. Nuestras ciudades también cargan con esa tensión entre el desarrollo que borra y la identidad que resiste. Santiago lleva años debatiendo cómo integrar patrimonio en una expansión urbana que avanza sin pausa. Las regiones —Salamanca incluida— pelean por visibilidad y recursos en un mapa cultural que sigue siendo demasiado centralista. La experiencia de Ladera Sur muestra que hay audiencias ávidas de contenido que conecte naturaleza, fotografía y territorio: esa demanda existe, es real, y no está siendo satisfecha por las instituciones públicas al ritmo que se necesita. Los 44 años de trabajo que el funcionario mexicano Octavio Romero Oropeza invoca para justificar su trayectoria —en un contexto político completamente distinto— nos recuerdan algo válido aquí también: la construcción cultural es lenta, acumulativa, y exige continuidad que los ciclos políticos rara vez garantizan.
Lo que viene
El segundo semestre de 2025 se perfila como un momento de inflexión para la agenda cultural en la región. En Chile, el debate sobre la nueva Política Nacional de Cultura sigue abierto, y la presión desde territorios como Salamanca —donde conservar un cactus es también conservar un modo de vida— va a intensificarse. Plataformas como Ladera Sur seguirán llenando el vacío que dejan las instituciones. Y la pregunta que Bernardo Rosendo lanzó al aire —¿cuándo la cultura deja de ser un ministerio menor?— va a seguir rebotando en cada foro, cada concejo municipal, cada presupuesto que se discuta. El cambio no llega solo. Pero la presión, esta vez, viene de muchos lados a la vez.