Cultura y turismo resisten todo: la gran apuesta del ocio en 2025
Festivales, artesanía y cine se consolidan como los motores más sólidos de la economía creativa global. Chile tiene mucho que aprender.
El turismo y la cultura no solo sobreviven las crisis: las transforman en oportunidades. Mientras festivales gastronómicos convocan miles de personas en México y el cine redefine sus formatos, el sector del ocio demuestra ser, una vez más, el más resiliente del planeta. Una señal clara para nuestras ciudades.
Festivales y artesanía: la identidad que se vuelve industria
Lo que antes llamábamos patrimonio intangible hoy tiene cifras concretas y estrategia de exportación. La Feria del Alfeñique de Toluca proyecta sus tradiciones a escala internacional, apostando por la cultura popular como palanca de posicionamiento global. En la misma línea, Puebla presentó su talento artesanal y turístico en Punto México con resultados históricos, consolidando a las regiones creativas de América Latina como destinos de primer nivel. Y si de convocatoria masiva se trata, el Festival de la Enchilada y la Corunda de Morelia espera superar los tres mil asistentes en su próxima edición. Tres casos distintos, una misma lección: la identidad local bien gestionada no solo emociona, también vende.
El ocio bajo la lupa: resiliencia con sombras
El World Travel & Tourism Council (WTTC) lo dijo sin rodeos: el turismo es el sector más resiliente que existe. Pero esa fortaleza no lo hace inmune a tensiones. Las autoridades de Costa Rica pusieron los conciertos musicales en la mira por sospechas de lavado de dinero, recordándonos que donde fluye mucho efectivo, también llegan los riesgos. La industria del entretenimiento en vivo enfrenta un doble desafío: crecer y hacerlo con transparencia. Estos son los frentes que hoy definen el debate en el sector:
- Crecimiento de festivales gastronómicos: eventos como el de Morelia demuestran que la cocina regional es un imán turístico de primer orden.
- Artesanía como producto exportable: Puebla y Toluca lideran el modelo de llevar lo local a vitrinas internacionales.
- Fiscalización del entretenimiento en vivo: Costa Rica activa alertas sobre flujos financieros en conciertos, un debate que llegará a más países.
- Transformación del cine: el director José Rebordinos afirma que no hay crisis en el cine, solo transformaciones, redefiniendo cómo leemos el consumo audiovisual actual.
¿Qué nos dice esto a los chilenos?
Nuestro país lleva años intentando que sus festivales, su gastronomía y su artesanía salten del nicho al mainstream. El modelo que están ejecutando ciudades mexicanas como Toluca o Puebla —llevar la identidad local a ferias internacionales con datos duros y estrategia de marca— es exactamente lo que Chile necesita replicar con urgencia. Tenemos la Fiesta de la Vendimia en Colchagua, la Feria Costumbrista en la Araucanía, la escena gastronómica de Valparaíso. Falta el músculo institucional para proyectarlas. Mientras tanto, la alerta costarricense sobre lavado en conciertos debería prender luces también en nuestra industria musical, que vive un momento de expansión notable pero con regulación aún débil. El FICH 2026, cuya cartelera acaba de presentarse, es una oportunidad concreta para que Chile posicione su cine en el circuito latinoamericano de festivales.
Lo que viene
El FICH 2026 ya tiene cartelera y promete ser un termómetro real del estado del cine regional. José Rebordinos, con su lectura optimista de la industria audiovisual, marca la pauta: quienes entiendan que la transformación no es amenaza sino formato nuevo, serán los que lideren. Para Chile, la pregunta concreta es cuánto tardaremos en tener nuestra propia versión de Punto México: un espacio donde la artesanía de Quinchamalí, la gastronomía mapuche o el diseño emergente de Santiago lleguen al mundo con el respaldo que merecen. El reloj corre.